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¿Realmente quieres ser mejor?

por :León David Pérez 0 comentarios
¿Realmente quieres ser mejor?

Sé que el título suena a libro barato de superación personal, pero de eso no va lo que quiero compartir contigo hoy. Quédate un poco más y verás...

Según mi limitada experiencia, la mayoría de las personas buscan ser mejores, lo cual puede tener una serie de interpretaciones. Algunas, más o menos comunes, son: ser más saludable, ganar más dinero, dedicar más tiempo a los seres queridos, dejar algún vicio o mal hábito, ser más productivos, organizarse mejor, lograr ciertas metas o propósitos, disfrutar de la vida… ¿Alguno de estos conceptos te suena familiar? Apuesto a que más de uno.

Hoy te comparto lo que para mí es importante en materia de mejora continua, para después invitarte a reflexionar al respecto.

Por supuesto que no desestimo la salud física ni mental. Como siempre ha dicho mi madre: “si no tienes salud, no tienes nada”. Pero justo después de eso, en la escala de querer ser mejor -según yo-, viene “el querer saber más”. Y no lo digo desde una postura académica o científica, lo planteo de una forma mucho más simple: sabemos -porque nos lo enseñan- ir al baño, sabemos -algunos- cómo utilizar una bici, un auto, y un largo etcétera de conocimientos, desde muy básicos hasta muy sofisticados, que hacen funcional nuestra existencia y nuestra vida en sociedad. Son los conocimientos los que hacen posibles los oficios, las profesiones, las innovaciones. El conocimiento es la esencia del ser humano moderno. El conocimiento adquirido mediante la familia, las instituciones y la sociedad en su conjunto son gran parte de lo que hoy somos como humanidad.

Ahora, no todo el conocimiento nos suma: saber hacer una bomba molotov (o cualquier otro tipo), saber fabricar o utilizar un arma, saber cómo hacer daño a los demás...desde mi perspectiva, este es conocimiento “no deseable”. Por otra parte está el conocimiento que suma, que nos hace realmente mejores: saber fabricar un medio de transporte (flote, vuele o se deslice), saber sobrevivir si nos perdemos en la selva, en el bosque o en medio del mar, saber plantar y cosechar vegetales, saber limpiar nuestro espacio, saber comer bien, saber leer, saber y/o querer adquirir nuevos conocimientos… Y justo en esto último me quiero concentrar.

Cuando era pequeño iba a una primaria pública enorme, con cientos o quizás miles de alumnos. En esa época (y pienso que no solo en mi escuela), se veía mal y hasta se castigaba querer saber. Me explico: si uno leía, aprendía rápido, o se destacaba en la clase, era llamado: “cerebrito”, “nerd”, “ñoño”, “sabelotodo”, por citar sólo algunos de los menos ofensivos. Uno sufría segregación, “bullying” (claro que en esa época no se utilizaba el término), y era común que el niño o niña a la que le gustaba el conocimiento fuera acosada física y emocionalmente.

¿Por qué pasaba eso? Tengo una hipótesis difícil de comprobar o refutar: pienso que la cultura yanqui nos influyó mucho al respecto. Cuando yo era niño, era común que las películas, las series, las historietas (las cuales casi todas venían de Estados Unidos) retrataran de manera denigrante a los niños que valoraban el conocimiento. En cambio, los niños o adolescentes “cool” eran los que iban a las fiestas, los que eran más sociables, a los que no les gustaba leer o estudiar.

Afortunadamente algo pasó durante las últimas décadas, que poco a poco -al menos es mi sentir- esa segregación empezó a cambiar: hubo ejemplos reales que pusieron de moda “querer saber”. Personajes como Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, entre algunos otros, que a partir del conocimiento crearon empresas y fortunas que más parecen grandes imperios como el Griego o el Romano. Y ojo, ¡ellos también se destacaron en el ámbito del conocimiento!

No sé si esas personas o aquellos imperios tuvieron algo que ver, pero sí noto que hay un cambio generacional, y que afortunadamente se ha vuelto “deseable” ser un Polímata. Lo celebro y lo disfruto como no tienes idea.

Querida lectora, querido lector, lo que quiero decirte es que no hace falta que tengas grandes metas o aspiraciones: el conocimiento que suma siempre te hará mejor persona y eso construirá mejores instituciones (como la familia, por ejemplo), que ayudarán a forjar un mundo mejor.

Te lo comparto con humildad: si realmente quieres ser mejor, no dejes de aprender.

Por favor, si te identificas con esto que escribo o si opinas distinto, quiero leerte para poder seguir aprendiendo.

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categorías : El Blog del Polímata

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